La tarjeta que no entregamos
Caracas, 2013. El funeral de Hugo Chávez, un enlace grabado frente al Panteón Nacional y cinco personas armadas pidiendo borrar el material. Entre una cosa y la otra pasaron cinco minutos.
Caracas, 2013. El país entero estaba despidiendo a Hugo Chávez.
Estábamos parados frente al Panteón Nacional, donde descansan los restos de Simón Bolívar. Era el lugar perfecto: Chávez había construido toda su revolución sobre la figura del Libertador. El simbolismo era demasiado bueno para no usarlo.
El lugar estaba vacío. Sin guardias, sin policía, sin nadie. Nos bajamos del auto y empezamos a grabar.
El periodista ya había hecho su enlace frente al Panteón. Eso era lo más valioso que teníamos: una toma que no podíamos repetir, en un lugar al que probablemente no volveríamos. Todo estaba en la tarjeta de la cámara.
En Venezuela, los organismos de seguridad del Estado tenían fama de ser pesados con la prensa extranjera. Técnicamente era un espacio público. Técnicamente podíamos estar ahí. Pero "técnicamente", en ese contexto, no significaba mucho.
Mientras seguíamos grabando imágenes de apoyo, me vino algo que ya había hecho antes en otras coberturas difíciles. Le dije al camarógrafo:
— Pásame la tarjeta. Por si acaso.
Me pasó la tarjeta original con el enlace grabado. Pusimos una nueva en la cámara y seguimos. Yo tenía lo importante en el bolsillo.
Cinco minutos después
Llegaron cinco personas de civil, armadas, desde distintas direcciones. Algunos por detrás, otros por el lado. Se acercaron gritando. Qué hacen acá. Qué están grabando. Documentos. Credenciales. Ahora.
No era una advertencia. Era una increpación con armas a la vista.
Nos pidieron borrar el material.
Lo hicimos. En la tarjeta nueva, que tenía solo tomas de apoyo que ya estaban a salvo en el otro lado.
Revisaron la cámara. Vieron que estaba vacía. Nos devolvieron los pasaportes y nos dejaron ir.
En el auto, nadie dijo nada por un momento.
Después el periodista me miró:
— ¿Tienes la tarjeta?
— Sí.
Esa noche, el enlace desde el Panteón Nacional fue parte de nuestra cobertura del funeral de Chávez.
Oficio, no heroísmo
Con los años he pensado mucho en ese momento. No fue heroísmo. Fue oficio. Algo que se aprende haciendo terreno: anticipar antes de que el problema llegue, no después.
La tecnología cambió todo en la producción de contenido. Hoy tenemos herramientas que hace diez años eran impensables. Pero hay decisiones que ningún algoritmo puede tomar por ti: las que hay que tomar en cinco segundos, con información incompleta, bajo presión y con cinco personas armadas mirándote.
CCS Media es una productora de contenidos audiovisuales dirigida por Camilo Cuadra Sieveking, con más de 25 años de experiencia en televisión, medios y comunicación corporativa. Producimos con inteligencia artificial y también en terreno, donde el criterio editorial se construyó.
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